domingo, 7 de febrero de 2010



ZAPATERO

A Zapatero, como a todos, el frío de este invierno tan largo y tan inútil le está congelando la sonrisa. Zapatero, como todos, no sabe como capear el temporal. A Zapatero le pasa como a la inmensa mayoría de la gente que, cuando hay, sabe repartir porque sigue teniendo el corazón a la izquierda, pero de macroeconomía sólo aprueba con chuletas, es decir, que Zapatero sabe de economía más o menos lo mismo que yo, lo cual no quiere decir que yo pudiera ser Presidente el Gobierno, pero sí que él podría tomarse unas largas vacaciones y venirse a tomar tranquilamente una cervecita a La Gitana.
Yo no quiero que la alternativa a Zapatero sea Rajoy, que es lo que se está presentando como inevitable. No quiero que un aznarismo graciosillo y populista entre de nuevo en la Moncloa, a mi me gustaría que otro socialista desliara, en los dos años que quedan antes de las elecciones, el moño de loca en que “sabios”, economistas, banqueros y especuladores han convertido las cuentas de este país. Zapatero no es traidor, ni mala gente, ni corrupto, simplemente le pasa como a todos los economistas de Harvard y del FMI, que no sabe como salir de este embrollo.
Zapatero fue un magnífico Presidente en una España prediarréica, porque no olvidó a quien debía defender y lo demostró ley tras ley, pero, cuando al vientre de la bestia le dio por decir aquí estoy yo, ya no había manera de frenar el cólico: el cólico de las influencias, de los nombramientos por porcentajes, de la consanguinidad política, de la adulación, de la ineptitud, del marrón de los nostálgicos y de las listas cerradas. Parece que el carnet de militante es como ese Espíritu Santo que enciende llamitas de sabiduría sobre la cabeza de los investidos en un cargo, pero después, cuando la sacra palomita se va de vacaciones, pasa lo que pasa.
Sufre hoy Zapatero la resaca de su éxito primero, de aquellas elecciones de la libertad, pero ni aquel Zapatero de la esperanza, ni aquellos electores hartos de Chemari y Bush, ni aquella España rica, existen ya. Como canta La Banda del Malandar “la resaca/su sparring más viejo/ hoy le ha noqueao…como a un crack sonao”/
En fin, como no me van a hacer ningún caso, ¿para qué seguir escribiendo?

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