domingo, 7 de febrero de 2010



ANTES MORIR QUE PECAR

En el colegio de los salesianos, curas de los que guardo un buen recuerdo a pesar de Almodóvar, a quien al parecer intentaban meter mano tarde sí y tarde no, (conmigo nunca lo intentaron quizá porque estaba como un palo y no veían por donde), siempre nos ponían como ejemplo de castidad a Santo Dominguito Savio .
Domingo Savio, como es lo propio, tenía a sus quince años cara de pajillero angelical y a nosotros, que andábamos con las hormonas un tanto despendoladas, apenas si leíamos su lema: “Antes morir que pecar”, nos entraban unas ganas enormes de iniciar un solo de zambomba y transmutar el beatífico eslogan por el de “pecar antes de morir”.
Si sentir, mirar, tocar, por su orden y por lógica, eran pecados abominables, no se quedaba a la zaga el desnudo, ¡ay, el desnudo, la verdadera puerta del diablo y de la lujuria!... en los dormitorios comunales, había que hacer auténticos juegos malabares para vestirte, con una colcha sobre los hombros, sin que se te viera ni un ápice de los calzoncillos largos. Era un espectáculo digno del teatro alternativo o de una performance, que dicen los modernos, de Darío Fo.
Bueno, pues toda esta perorata palabrera viene a cuento del famoso scanner aeroportuario. Hay gente que estarían dispuestos, como Santo Dominguito, a morir por la bomba de un musulmán loco, antes que a enseñar sus michelines primermundistas ante las cámaras.¡ Hay que ser tontoelculo en el sentido estricto, pero así están las cosas!.
Sería de ver en exclusiva la intocada castidad de Rouco Varela, las redondeces rubenianas de María del Monte, la hierática osamenta de Fernández de la Vega o, ¿por qué no?, mis patéticas canillas. Me temo que cualquier escaneador, con un mínimo de dignidad profesional, pediría la baja por depresión tras el primer vuelo.
Monseñores como los de Michigan, Presidentes católicos como Berlusconi, esposas de Presidentes católicos como Mrs. Robinson, sortearon ya hace tiempo con la habilidad de Messi dos de los grandes enemigos del hombre: el mundo y el demonio, pero, amigo mío, aún nos quieren tiznar con las brasas del infierno si descuidamos las formas frente al desasosiego de la carne, excepción hecha del chuletón argentino y de sus propios ataques de lujuria. Me parece a mi que más de uno sigue aún utilizando a la inversa el lema del santito salesiano: “Pecar antes de morir”, pero no quieren que nadie se suba a su carro, por aquello de la competencia.

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