domingo, 7 de febrero de 2010



RAJOY
Jota Siroco

Rajoy, ese cómico fracasado reciclado en político segundón, ha tardado casi ocho años en convencer a los suyos de que es un buen líder, aún así no estoy seguro de que lo haya conseguido del todo y anda por Andalucía haciendo bolos de estadio en estadio, soltando chascarrillos y frases hechas, como si fuera un superviviente del Teatro Chino de Manolita Chen.
Rajoy, junto al latifundista Javier Arenas, forman una troupe ambulante que aún cree que con cuatro refranes, dos ocurrencias de pata de banco y un enredo con tacos (“hijoputa” y demás) conseguirá convencer a un pueblo tan viejo como este, que anda ya de vuelta de tantos santones y salvadores con demasiadas essssessss en los labios.
A “Marianico el largo”, conste que le falto el respeto con toda consciencia porque él, enchulado en los mítines, se permite llamar -“este”- al Presidente del Gobierno, le falta medio segundo para empezar con la cantinela de Chemari: “¡Váyase usted Sr. Zapatero”…y si no al tiempo.
La diferencia es que Aznar hablaba en mejicano, tenía la mala leche de los bajitos, la suerte de los indios rodeando la caravana de John Wayne, la melena pija de un Guti taconero, y Mariano tiene la consistencia de un tocino de cielo y la miserable sorpresa de un huevo kinder. Para mi que la aznaresa no es Rajoy, sino des-Esperanza Aguirre. ¡Estamos buenos!.
No sé porqué me da el tufillo de que, si la Justicia hiciera su trabajo con cierta agilidad, el ciudadano Rajoy tendría que sentarse en el banquillo antes que en la Moncloa. Nadie puede creer que Don Mariano, que es tan listísimo y tantísimo sabe, no conociera los presuntos trapicheos de su ex-tesorero, ese tal Bárcenas, y de todos los chorizos que se cobijaban en la orza de Génova. Sólo la decencia me impide nombrar el sitio exacto por donde deben tener agarrado al gran líder de la derecha; el porqué de tan doloroso agarrón no viene al caso escribirlo, pues ya en su día lo dirán los tribunales. Espero.
En fin, de todas formas, quiero agradecer públicamente su existencia, pues si no, si todos fueran tan planos y aburridos como Montoro o tan lindos como Pons ¿de qué hablaríamos los articulistas de pueblo?. Es una suerte tener a este “grasioso” en el ejercicio de la política, aunque más suerte sería, quizá, no tenerlo.


ZAPATERO

A Zapatero, como a todos, el frío de este invierno tan largo y tan inútil le está congelando la sonrisa. Zapatero, como todos, no sabe como capear el temporal. A Zapatero le pasa como a la inmensa mayoría de la gente que, cuando hay, sabe repartir porque sigue teniendo el corazón a la izquierda, pero de macroeconomía sólo aprueba con chuletas, es decir, que Zapatero sabe de economía más o menos lo mismo que yo, lo cual no quiere decir que yo pudiera ser Presidente el Gobierno, pero sí que él podría tomarse unas largas vacaciones y venirse a tomar tranquilamente una cervecita a La Gitana.
Yo no quiero que la alternativa a Zapatero sea Rajoy, que es lo que se está presentando como inevitable. No quiero que un aznarismo graciosillo y populista entre de nuevo en la Moncloa, a mi me gustaría que otro socialista desliara, en los dos años que quedan antes de las elecciones, el moño de loca en que “sabios”, economistas, banqueros y especuladores han convertido las cuentas de este país. Zapatero no es traidor, ni mala gente, ni corrupto, simplemente le pasa como a todos los economistas de Harvard y del FMI, que no sabe como salir de este embrollo.
Zapatero fue un magnífico Presidente en una España prediarréica, porque no olvidó a quien debía defender y lo demostró ley tras ley, pero, cuando al vientre de la bestia le dio por decir aquí estoy yo, ya no había manera de frenar el cólico: el cólico de las influencias, de los nombramientos por porcentajes, de la consanguinidad política, de la adulación, de la ineptitud, del marrón de los nostálgicos y de las listas cerradas. Parece que el carnet de militante es como ese Espíritu Santo que enciende llamitas de sabiduría sobre la cabeza de los investidos en un cargo, pero después, cuando la sacra palomita se va de vacaciones, pasa lo que pasa.
Sufre hoy Zapatero la resaca de su éxito primero, de aquellas elecciones de la libertad, pero ni aquel Zapatero de la esperanza, ni aquellos electores hartos de Chemari y Bush, ni aquella España rica, existen ya. Como canta La Banda del Malandar “la resaca/su sparring más viejo/ hoy le ha noqueao…como a un crack sonao”/
En fin, como no me van a hacer ningún caso, ¿para qué seguir escribiendo?


MIGUEL HERNÁNDEZ
Adiós hermanos, camaradas y amigos,
despedidme del mar y de los trigos

En este país tan trágico, en el que se canta a la muerte de un hombre desde los balcones, en el que desde los tendidos se jalea a un toro desangrado, en el que aún se busca la fosa del poeta, en el que el quejío es arte…yo quiero hablar de la vida.
Yo quiero hablar de aquellos días en los que Miguel Hernández desconocía aún su trágico destino, de aquellos días en los que Ramón Sijé le dijo: “Miguel, vete a Madrid, aquí en Orihuela sólo irías agonizando lentamente”, de aquellos días en los que Miguel le hizo caso, llenó su maleta de cartón con todos los “silbos” de la aldea y llegó a la capital para darse de bruces con la ignorancia: “¡Rascacielos, qué risa, rascaleches…!”
Quiero hablar de ese Miguel Hernández “hijo de la luz”, no de las sombras; del Miguel Hernández con la herida del amor y de la vida, no de la muerte; de un Miguel Hernández no tiznado aún por la pena, no “umbrío por la pena, casi bruno”.
A cien años vista desde su nacimiento, yo quiero recordar su ilusión, sus ganas, su fuerza, su poesía de entrañas…al poeta cabrero de Cossio, al caragarbanzo de Neruda, al Miguel amigo/amante de Maruja Mallo en las riberas del Henares “mientras el resto de los poetas les breábamos con boñigas de vaca”, como cuenta su amigo Cela; al Miguel mitinero del Quinto Regimiento: “Compañeros, vivimos una época de sangre…campesinos, trabajadores, jornaleros, ¡Viva la República!, ¡Viva el Frente Popular!, ¡Abajo el fascismo!”; al Miguel que volvía a Cox y, como un diablo cojuelo, levantaba los tejados de sus casas para encontrarse cuanto antes con Josefina y “poblarle su vientre de amor y sementera”, para engendrar un hijo que naciera “con el puño cerrado envuelto en un clamor de victoria y guitarras”.
Lo siento, amigos, no tengo vocación de buitre y hace tiempo que me decomisaron la carnaza del llanto, y así no hay forma de ser bien recibido en los esplendorosos salones de la tragedia nacional. ¡Qué bien les sientan las lágrimas a los volatineros de la muerte, a los trágicos buscadores de huesos, a los apócrifos cantores de la pena negra!, Ay, ellos no lo saben, pero a mi hace tiempo que me duelen, como a Miguel, “en los cojones del alma”.


MARTES DE CARNAVAL

Usāma Muhammad Awad bin Lāden, tras enterarse de lo que se enteró, recorrió cincuenta veces el túnel reglamentario con un cabreo de tres pares, las bombas que adornaban su chilaba tintineaban a cada uno de sus enérgicos pasos, mientras que su lugarteniente, Alí Más Mamún, se reía hacia adentro como sólo saben hacerlo los Mamunes de toda la vida: su jefe había pasado en “na” de ser un lobo estepario a abuela de caperucita por obra y gracia de la CIA&cia.
A él, que había dedicado la mitad de su vida a minar geografías y que había conseguido internacionalizar por fin su franquicia “Binladen, demoliciones en general”, los becarios de la inteligencia norteamericana lo habían convertido de la noche a la mañana en un probo diputado español con cara de buena gente. “Ansualá wan sualá”, dijo mirando hacia los cielos humeantes de Kabul y al rato de nuevo: “Ansualá wan sualá”, castiza expresión afgana que siempre debe repetirse dos veces en los momentos álgidos del cabreo matutino y que, como todo el mundo sabe, quiere decir:”Me vi cagá en los mengues de Bush padre, Bush hijo y Bush espíritusanto y en er carnavá de Cai, amén”.
A mi lo de Bush no me extrañó, la verdad, para qué vamos a decir otra cosa, pero lo del Carnaval de Cádiz, pues sí. Tras múltiples pesquisas, tipo CSI Miami, todas las pistas me llevaban hacia “los juancojone”, que, como todo el mundo debería saber, representan a los que no dan un palo al agua, como er Binladen por ejemplo. Preguntéles si sabían algo de la careta esa de la CIA, si sabían con qué diputado habían confundido a Bin Zambombá Malikúm y si tenía algo que ver en todo esto Belén Esteban. Para evitar esfuerzos no contestaron, sólo uno que era nuevo en la chirigota, dijo susurrando: Almuhamma Yamazarab, este es el hombre.
Encontré a Gaspar Llamazares, deshaciendo el petate que con tanto ahínco y tanta dedicación había preparado para su gira a Libia, donde Mu‘ammar el Gadafi le tenía prometida una suite en la jaima presidencial y un Corán de última generación con wifi.
- ¿Entonces…ya no vas, Almuhammá Yamazarab?
- Me vi cagá en los mengues de Bush padre, Bush hijo y Bush espíritusanto y en er carnavá de Cai, amén”. (Que como es bien sabido quiere decir: “Ansualá wan sualá”.
En fin que, como ví que todo el mundo estaba más loco que cien cabras pakistaníes, decidí irme pa er carnavá con er Yuyu, que ese sí que sabe de pinchitos morunos y cía.


ANTES MORIR QUE PECAR

En el colegio de los salesianos, curas de los que guardo un buen recuerdo a pesar de Almodóvar, a quien al parecer intentaban meter mano tarde sí y tarde no, (conmigo nunca lo intentaron quizá porque estaba como un palo y no veían por donde), siempre nos ponían como ejemplo de castidad a Santo Dominguito Savio .
Domingo Savio, como es lo propio, tenía a sus quince años cara de pajillero angelical y a nosotros, que andábamos con las hormonas un tanto despendoladas, apenas si leíamos su lema: “Antes morir que pecar”, nos entraban unas ganas enormes de iniciar un solo de zambomba y transmutar el beatífico eslogan por el de “pecar antes de morir”.
Si sentir, mirar, tocar, por su orden y por lógica, eran pecados abominables, no se quedaba a la zaga el desnudo, ¡ay, el desnudo, la verdadera puerta del diablo y de la lujuria!... en los dormitorios comunales, había que hacer auténticos juegos malabares para vestirte, con una colcha sobre los hombros, sin que se te viera ni un ápice de los calzoncillos largos. Era un espectáculo digno del teatro alternativo o de una performance, que dicen los modernos, de Darío Fo.
Bueno, pues toda esta perorata palabrera viene a cuento del famoso scanner aeroportuario. Hay gente que estarían dispuestos, como Santo Dominguito, a morir por la bomba de un musulmán loco, antes que a enseñar sus michelines primermundistas ante las cámaras.¡ Hay que ser tontoelculo en el sentido estricto, pero así están las cosas!.
Sería de ver en exclusiva la intocada castidad de Rouco Varela, las redondeces rubenianas de María del Monte, la hierática osamenta de Fernández de la Vega o, ¿por qué no?, mis patéticas canillas. Me temo que cualquier escaneador, con un mínimo de dignidad profesional, pediría la baja por depresión tras el primer vuelo.
Monseñores como los de Michigan, Presidentes católicos como Berlusconi, esposas de Presidentes católicos como Mrs. Robinson, sortearon ya hace tiempo con la habilidad de Messi dos de los grandes enemigos del hombre: el mundo y el demonio, pero, amigo mío, aún nos quieren tiznar con las brasas del infierno si descuidamos las formas frente al desasosiego de la carne, excepción hecha del chuletón argentino y de sus propios ataques de lujuria. Me parece a mi que más de uno sigue aún utilizando a la inversa el lema del santito salesiano: “Pecar antes de morir”, pero no quieren que nadie se suba a su carro, por aquello de la competencia.